Reseña: Biografía del hambre
Disclaimer: esta reseña no va a ser parcial porque yo amo a esta mujer. Lo siento.
Biografía del hambre es un recorrido por la vida de Nothomb y su relación con la comida pero también con el amor, su propio cuerpo, su capacidad de devorar libros y algunas palabras. Por supuesto, esta obra tiene el humor inconfundible de la misma Amélie: un poquito ácido, un poquito cruel, pero también irónico. A fin de cuentas, ella habla de su anorexia y todos sus problemas con la comida, el cual es un tema bastante fuerte y muy grave. Pero al leerlo me desternillaba de risa, me dejaba pensando muchísimo y admirando a esta maravillosa escritora: ¿cómo se le ocurre escribir de un trastorno así? Y luego yo misma me respondía: "pues es que así es la vida: un día tienes 5 años y tu única preocupación es amar a tu nana, pero de repente tu cuerpo se deforma sin control, y el mundo te enseña a odiarlo por años para después ser una mujer a la que le llega la epifanía de la vida".
Creo que más que una biografía del hambre, es una historia de una mujer que crece y va enamorándose de la vida a pesar de haber querido desaparecer. Por eso el final es muy brillante. Pero antes de llegar a eso, quisiera tocar algunos puntos importantes.
1. Considero esta obra como la continuación de Metafísica de los tubos. Si ya lo leíste, puedes continuar con Biografía del hambre de inmediato: retoma la historia desde Japón, donde se desarrolla Metafísica de los tubos, y te cuenta un poco de lo que sucede con Nishio-San, la nana, Patrick, y la hermana y hermano de Amélie. Si no has leído Metafísica de los tubos, ¿qué estás esperando?
2. He visto algunas entrevistas de Nothomb y considera a Japón como su país. Esto es importante para varias obras suyas además de esta, porque su nostalgia y la manera en la que extraña el lugar que la vio nacer caracterizan mucho su manera de escribir. Su relación con Japón puede observarse a través de su relación con Nishio-San, su adorada nana.
3. Como lectorx viajas con la familia de Amélie a Nueva York, Bangladesh, Pekín, Bélgica y Japón, acompañándola hacia el descubrimiento de sí misma y su relación con el resto del mundo.
Ahora, el final me pareció muy abrupto y perfecto. Naturalmente tiene otra tonalidad a diferencia de Metafísica de los tubos, pero ambos son abruptos. Uno con la lógica de una niña y el otro con el de una entrañable viejita:
«—¿Y qué importa eso? Estoy viva.»
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